Mientras todo marche bien

Cuando no hay riesgos ni cambios en nuestro status quo sentimos que algo nos falta, como si estuviéramos desperdiciando nuestro tiempo; nos sentimos frustrados y desmotivados, pero optamos por ahogar todo en el logro cotidiano, ese que nos impide ver más allá de las barreras de la comodidad y nos infunde una incertidumbre que atenta contra la ambición.

Mientras todo marche bien, nada cambia. Hacemos las cosas que ya sabemos que nos funcionan, todo lo que no nos da miedo, lo que no es nuevo, en pocas palabras: lo rutinario. Sin embargo, permanecer en un estado cómodo implica limitarnos a nosotros mismos e ir disminuyendo cada vez más nuestras expectativas.

Salir de la zona de confort no es tarea fácil: implica audacia, perseverancia (porque no todo nos va a salir bien a la primera), creatividad e innovación. Si no intentamos hacer frente a los problemas, arriesgarnos, emprender, etc., no podremos saber de lo que somos capaces de lograr. En cambio, cuando vemos los problemas como un desafío, cuando tomamos ese riesgo en cualquier ámbito de nuestra vida, cuando emprendemos ese proyecto que teníamos en mente desde hace tiempo, es justo ahí cuando crecemos como personas.

Al intentar hacer algo nuevo hay que ser conscientes de que nos sentiremos incómodos o temerosos, pero serán esas situaciones estresantes las que nos desafiarán y sacarán a relucir lo mejor de nosotros. Debemos aceptar que las sensaciones de incertidumbre o ansiedad no son algo negativo, sino una oportunidad para demostrar que podemos crecer.

La capacidad para trascender la medimos a través de las expectativas que nos fijamos para superarnos a nosotros mismos, de los retos que nos proponemos y del orgullo con el que recordamos nuestros logros, entonces, ¿cómo medirnos y a qué debemos prestarle atención en la introspección de nuestras acciones y ambiciones?

Señales de que nos encontramos en la zona de confort:

  • Nos genera ansiedad pensar en algún cambio en nuestra vida
  • Nos sentimos estancados, todo es rutinario
  • Nuestra creatividad parece haberse extinguido, no hay pensamientos que nos lleven a buscar alternativas
  • Nos rehusamos a realizar actividades que salgan de nuestro plan diario

Y entonces, ¿cómo salir de nuestra zona de confort?

  • Buscando nuevas experiencias, que reten nuestras capacidades y nos hagan ser más flexibles en nuestra manera de pensar y actuar
  • Desafiándonos todos los días, tomando como un reto lo que antes considerábamos un problema
  • Aceptando el miedo o la ansiedad al probar algo nuevo como sentimientos válidos, pero que no van a durar por siempre

Conclusión

Dejar de ser conformista implica un verdadero deseo de cambio, de plantearnos nuevos retos y dejar de temer a un estilo de vida más exitoso donde preponderen la creatividad, el entusiasmo y las ganas de no quedarnos estáticos. Tal vez ahora sea el momento justo para retomar nuestros sueños y aspiraciones guardadas, el momento de tomar la iniciativa y tener las riendas de nuestra vida. Una vez que probemos y veamos los resultados, quedarnos en la zona de confort no volverá a ser opción.

Por: Ángeles Verdín, Gerente Worken Jalisco.
Colaboración en la edición #53 de la Revista Mejores Prácticas Corporativas.

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